30.01.2017 | COMERCIO EXTERIOR

La globalización repensada

La crisis del comercio es una oportunidad para el planeamiento estratégico de las políticas públicas para decidir a largo plazo.

Hay frases, que por lo atinadas, no pierden vigencia. Por ejemplo, hace 21 años, Paul Krugman escribía en Harvard Business Review: "Un país no es una gran compañía". Por entonces, en 1996, Mauricio Macri se hacía cargo de la presidencia de Boca Juniors y Donald Trump recaudaba 1200 millones de dólares por año con sus casinos y hoteles en Atlantic City (años antes era acosado por acreedores). Reduccionismos al margen, ambos mandatarios tienen pasados empresarios. Hoy, uno promueve para "su economía" medidas de protección. Otro pregona que la competitividad nacional necesita la "tutoría" de la competencia extranjera. En su escrito, Krugman contaba su experiencia con ejecutivos. Más precisamente, con cosas que "no entienden": en primer lugar, la relación entre exportaciones y la creación de empleo; en segundo lugar, la relación entre inversión extranjera y balanza comercial. "Ambos aspectos se vinculan con el comercio exterior, área donde los empresarios tienen la particularidad de inclinarse por falsas analogías entre países y corporaciones", señalaba Krugman. Más allá de la valoración sobre "CEOs al poder", las administraciones (copadas por empresarios) no deberían desdeñar la voz de los economistas. Y una de las más autorizadas en materia de comercio exterior y economías latinoamericanas es el área de Integración y Comercio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). 

Hace pocas semanas publicaron un profundo informe que sintetiza los últimos 20 años de la globalización y qué hicieron los países con el boom de los precios de los commodities. La principal conclusión es que hay mucho por hacer en materia de políticas públicas y mucha planificación para renovar los métodos de inserción de las economías en las cadenas globales de valor, justamente en el marco de la brutal desaceleración del comercio mundial. "Un análisis de las exportaciones mundiales y regionales a precios constantes revela que el auge que precedió a la crisis se debió esencialmente a un efecto precio. El desempeño comercial de América Latina ha sufrido por la creciente especialización en productos bá- sicos y derivados", destaca el trabajo del BID. 

Paolo Giordano, economista principal de Integración y Comercio del BID, sintetizó así los hallazgos más importantes realizados por el "Monitor de comercio e integración", cuyo título es "Cambio de marcha y la nueva normalidad del comercio global". "Lo principal es que América latina está en un cambio de marcha que requiere necesariamente un cambio en las políticas de inserción internacional", destacó el funcionario en una entrevista promocional realizada por el BID. "Estamos en una coyuntura recesiva del comercio exterior, lo cual no es una sorpresa necesariamente. No obstante, la novedad es que se está extendiendo, y ahora arrastra también al comercio de servicios, más allá del de bienes". 

Un punto importante destacado por Giordano y por el equipo de investigadores que elaboró el trabajo es la "realineamiento" de los tipos de cambio: "Los efectos cambiarios que se están dando en la región tendrán impactos muy importantes en el las corrientes comerciales", añadió. 

Un punto saliente de las conclusiones es que la región, y la Argentina como protagonista excluyente, no aprovechó completamente el ciclo de precios récord de las materias primas que caracterizan sus ventajas comparativas en el comercio internacional. Es allí donde empiezan a actuar las políticas pú- blicas como vectores del "cambio de marcha" en esta nueva globalización. "La nueva realidad externa demuestra que se necesitan nuevas políticas comerciales, mucho más integradas en las políticas de desarrollo económico general de un país", indicó. Es decir, las políticas de comercio exterior necesitan una prioridad política inédita con un grado superior de articulación con las otras políticas: las de desarrollo productivo y las económicas. 

En tanto, el investigador y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Andrés López, fue contundente: "Se confirma que la región no aprovechó plenamente la época de la globalización y el aumento de los de precios de los commodities. Muchos ni siquiera pudieron mantener las posiciones de mercado, o incluso reprimarizaron o disminuyeron el nivel de valor agregado de las exportaciones vinculadas a los recursos naturales, lo que demuestra con datos duros el panorama preocupante a futuro, considerando que el escenario internacional será más adverso que en los últimos 10 años", subrayó. No hay más margen para que los hacedores de acciones estratégicas actúen en compartimentos estancos que conllevan a la pérdida del rumbo común. Esa inacción, o dilación en la acción, se traduce en el comportamiento comercial de un país, y se termina reflejando así en la balanza comercial: modificaciones sólo de la mano de los precios, poca variación en las cantidades y nula en materia de diversificación. "Si bien la región tiene ventajas comparativas, como la especialización en productos agrícolas, puede y debe ir hacia segmentos de la cadena de valor donde los retornos son mayores. ¿Puede ser el sector de servicios una oportunidad? Sí. ¿Será clave para resolver este bajón en el comercio de bienes? Probablemente no, porque todavía es relativamente pequeña su participación en términos del comercio de bienes que tiene la región. Pero sí notamos cambios extraordinarios de éxito de la mano de la exportación de los servicios que están asociados a los embarques de productos primarios", amplió Giordano.

Por su parte, Gustavo Bittencourt, investigador y docente de la uruguaya Universidad de la República, desmitificó el crecimiento de las últimas décadas en la región: "Una serie de 20 años (como la que revela el informe) muestra el efecto de los precios en el crecimiento. De hecho, considerando valores corrientes, hubo un crecimiento exponencial por el efecto-precio. Pero cuando lo llevamos a valores constantes, el crecimiento ronda el 4 a 5 por ciento, más parecido a las tendencias históricas", advirtió.

Para Bittencourt, esto no deja de ser un poderoso llamado de atención de los problemas estructurales de inserción internacional de América latina, y que tiene que ver con lo que exportamos. "De hecho, cuando se mira a México, notamos que es el único que aumentó su participación en el comercio mundial porque fue el único que logró exportar otras cosas e insertarse en el circuito de los bienes que demanda el mundo", aseguró. 

La pregunta que siempre desvela (y debería desvelar a los funcionarios con perfil empresarial, es decir, orientados a resultados) es cómo se le añade valor a las exportaciones. "El monitor plantea un par de elementos interesantes para entender la reprimarización de las economías regionales, y se nota al separar los productos primarios de las manufacturas que de ellos se derivan: crecemos en la exportación de los productos donde tenemos ventajas comparativas primarias pero no logramos desarrollar las fases secundarias competitivas internacionalmente. Encima, está el tipo de cambio: el informe parece sugerir que el problema de atraso cambiario pudo haber afectado adicionalmente la posibilidad de agregar valor a los productos primarios, porque existe una correlación negativa entre la revaluación cambiaria y las exportaciones de manufacturas basadas en productos agrícolas", dijo. 

Bittencourt suscribió la teoría de que hay líneas posibles para pensar a largo plazo. "Para agregar valor a largo plazo primero hay que reconocer el problema (la primarización). Luego sí se puede armar una estrategia nacional para desarrollar nuevos sectores productivos, nuevas ventajas comparativas. Y esto es crear nuevos recursos humanos, nueva infraestructura y nuevas políticas de inserción internacional consistentes, donde lo regional tenga un peso prioritario porque es en esos mercados donde hay más posibilidad de exportar bienes no primarios", concluyó. En opinión de López, un camino para revertir la actual situación pasa por generar un "mínimo de espacios de diálogo". "No digo de aspirar a metas ambiciosas de coordinación cambiaria, pero sí al intercambio de información y análisis en la región para evitar que se produzcan movimientos bruscos en los esquemas de cambios relativos entre los países, porque se termina afectando negativamente las exportaciones. Sin ir más lejos, en el Mercosur se habla hace 20 años de volatilidad cambiaria", apuntó. 

Con la complejidad de toda idea simple, López dice que la diversificación y el agregado de valor puede venir por el lado de la exportación de servicios. "Hay países ricos en recursos naturales, como Australia en minería o Noruega en petróleo que lograron desarrollar miles de millones de dólares con la exportación de los servicios asociados a esas exportaciones primarias". La Argentina, bendecida con varios reservorios naturales, necesita toda la gestión posible para armar la plataforma de proveedores de servicios que puedan luego exportar.
Por Emiliano Galli

Fuente: AMBITO.TRADE

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