28.03.2019 | PORTUARIAS

Semmartin: “Ahora que vamos a optimizar los recursos hay que salir a vender y posicionar el producto Puerto Dock Sud”

La nueva etapa que se abre en el puerto de Dock Sud a partir de la decisión de la gobernadora María Eugenia Vidal de dejar atrás su pasado de delegación portuaria y consorciar las decisiones entre todos sus actores (públicos y privados) no sólo se sentirá en la comunidad con injerencia directa en su operatoria, sino que beneficiará un “hinterland social”, integrado por permisionarios y concesionarios, por gremios y funcionarios y por los municipios de Avellaneda, Quilmes y Lanús.

El puerto de Dock Sud cubre 504 hectáreas de superficie. Tiene un movimiento de 3600 buques por año y, los habitantes de Danubio Azul, Villa Tranquila y Villa Inflamable –barrios que abrazan la jurisdicción– ven un movimiento de 1500 camiones diarios. Allí está la principal terminal de contenedores de la Argentina, Exolgan, la refinería de Shell, el muelle público operado por Loginter y los tanques de gas de YPF.

El polo petroquímico de Dock Sud
El “puerto gigante”, sin embargo, fue marginado de la emancipación que corrieron otros puertos públicos provinciales. Su recaudación era un “botín” preciado por la siempre deficitaria provincia, y nunca los operadores pudieron independizar su administración ni gestionar los recursos que generaban. Su histórico dragado esporádico y la falta de algo tan básico como una página web institucional pintan la falta de criterio de la política portuaria de las últimas décadas.

¿Qué hubiera sido de Dock Sud, y de su área de influencia, si su gestión se hubiera consorciado hace 26 años, como pasó con Bahía Blanca, por ejemplo?

“Hay que salir a vender y posicionar el producto”, dice Alejandro Semmartin, el flamante presidente del consorcio y ex delegado portuario de Dock Sud en una entrevista con Trade News.

El ex director de seguridad portuaria provincial, experto en seguridad informática, fanático de Atlanta y hombre cercano a Cristian Ritondo, tiene como misión no sólo arrancar de cero, sino destacar al puerto en el mapa, más allá de “los esfuerzos del sector privado, que se pusieron al puerto al hombro e hicieron todo solos”.

-¿Cómo es arrancar de cero con un consorcio de gestión hoy?

-Es difícil porque implica romper con un atraso de 25 años y adaptar formas de trabajo. Hubo una fuerte degradación: las empresas crecieron solas, el puerto nunca las acompañó, las inversiones públicas no existieron y se dragó poco y mal. Cuando tomamos el puerto estaba abierto por completo: cualquiera podía pasar por el muelle de cargas generales, no había control de acceso ni presencia de Prefectura, Migraciones o Aduana (en el muelle público). La gente todavía cree que “el puerto es de todos” y pueden pasear por ahí. Encontramos un sindicato como el SUTAP (Sindicato Único de Trabajadores de Administraciones Portuarias), sin personería jurídica, con choferes que son gerentes y el que menos gana cobra $ 100.000. Yo quiero que ganen $ 200.000, pero si un gerente que es ingeniero portuario gana lo mismo que un chofer (que tiene horas extra) es un desquicio.

-¿Cuánta gente trabajaba en la delegación portuaria antes de convertirse en consorcio?

-Alrededor de 85. El SUTAP tiene 18 personas en Relaciones Institucionales. El gerente es Adolfo Barja (secretario general del sindicato), pero no trabajan en relaciones institucionales. Barja te dice que esa gente son choferes y que tienen un taller mecánico interno. ¿Qué tiene que ver eso con relaciones institucionales, o con la comunidad, o con los medios? Nada. Son choferes y mecánicos, pero están en áreas clave como Mesa de Entradas. Los expedientes no llegan, se pierden… Tenemos todo denunciado. Estamos avanzando para terminar con la mafia en los puertos, con los que extorsionan a los funcionarios y amenazan con cerrar el puerto.

-¿Por qué hablás de extorsión a funcionarios?

-Porque te ensucian, con medios adeptos. De mí dijeron que fui un comisario bonaerense, con un homicidio encima, por un disparo por la espalda… ¡Nunca fui comisario ni mucho menos maté a nadie! Pero el Estado generó estos monstruos y, cuando un funcionario llegaba, veía el poder que tenían los sindicalistas y negociaban. Pero con este Gobierno no. Nos dimos cuenta que era imposible avanzar porque los expedientes eran físicos y se movían a mano. Los robaban, los tiraban, se perdían…

-¿Eso sucedía como delegación?

-Si, pero nosotros impusimos el expediente electrónico, y el control biométrico de acceso, algo que rechazaron porque los dejaba en evidencia. Tuve que poner el control digital en la puerta de mi despacho para que no lo rompieran. La figura de la Delegación limitaba mucho todo, y había muchas excusas para tapar el desastre que era el puerto público, para tapar el narcotráfico, la trata de personas, declaraciones inexactas…

-¿Encontraron tráfico de droga?

-Sí y radicamos las denuncias penales. Pero la Justicia no es tan rápida como quisiéramos. 

Por Emiliano Galli

Fuente: TRADENEWS

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